Antonio Santa Ana, escritor argentino nacido en 1963, publica Los
ojos del perro siberiano en 1999. La novela podría encuadrarse dentro de un
relato juvenil y realista, pero podemos decir que es mucho más que eso.
Es una obra que si bien nos muestra que los finales no siempre son
felices, nos habla también de la importancia del camino, del recorrido hacia
ese final, y del cambio interior por el que transitamos al saber que ese final está cercano. Saber que
la muerte está próxima, puede cambiar totalmente nuestro pensamiento y nuestra
forma de vida reflexionando acerca de nuestra mirada sobre los demás.
El narrador, cuyo nombre nunca conoceremos, describe cómo cambia
su vida y la de su familia después de que su hermano mayor, Ezequiel, contrae
el virus del SIDA. Luego de una violenta discusión con sus padres, Ezequiel
decide irse de su casa, mientras sus padres ocultan su enfermedad a los demás
diciendo que tiene leucemia.
Mientras tanto, el hermano menor –el relator-, decide investigar
mejor el problema cueste lo que cueste y conocer mejor a su hermano. A pesar de
su corta edad, parece entender mejor que sus padres lo que está pasando. Ellos
le prohíben ver a su hermano pero con la ayuda de su amigo Mariano, quien lo
cubre ante sus padres diciendo que está en su casa, logra verlo y crean una
gran relación. Así van descubriendo cuánto se quieren hasta el punto que cuando
están juntos, se olvidan que la muerte se aproxima. Todo esto se desarrolla
ante la atenta mirada de Sacha, un perro siberiano, quién con su compañía
alivia el sufrimiento y la depresión de Ezequiel por su enfermedad.
La historia está organizada de una manera que emociona, impacta y
nos hace reflexionar. Una historia
realista que no ofrece una cura milagrosa para el SIDA ni un cambio en los
prejuicios de la sociedad. Se centra en la emoción, en lo mágico de los
recuerdos y en el valor de la música y el arte. Desde los ojos del perro surge
una metáfora que hace que te preguntes con que ojos miras a los demás.
“Es terrible darse cuenta de que uno tiene algo cuando lo está perdiendo”, esta cita
nos hace pensar si finalmente Los ojos del perro siberiano no será tanto
una reflexión acerca de la tolerancia, la discriminación, la indiferencia y la
compasión, sino más bien sobre el tiempo perdido.
Escrito por: Marina Racciatti
Corregido por: Oriana Oliva
1 comentarios:
Muy bue comentario.
Debés evitar las repeticiones, hay un párrafo en que aparece varias veces la misma palabra y faltan algunas tildes.
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