Suena sobre el lago un viento acogedor calmo y tranquilo, que permiten recordar sin peligro sus épocas de pleamar donde provocaba fuertes inundaciones y daños.
De color rosa, el océano con sus reflejos, se posa bajo el viejo y destruido muelle. Casi como un espejo, emite el destello del cielo.
Una albufera, extensa hacia el infinito rodea, desde la superficie, el puerto abandonado y destruido.
El malecón oscuro, casi demolido por el paso del tiempo, está colocado estratégicamente en la orilla del mar. Presenta un reflejo brilloso y bonito, haciendo que su estructura sea interminable sobre el agua. Sus restos de madera producen un paisaje agradable a la vista de cualquier ser humano, que provocan en la imaginación de cada uno la ilusión de hallarse en los viejos tiempos, cuando este estaba completo.
Un conjunto de diversos tipos, alturas y colores de árboles abraza amorosamente a la inmensidad del océano. Su romanticismo atrae a los escritores del pueblo a escribir historias sobre él.
En lo alto, unas imperfectas nubes adornan el paisaje. Su color cuasi rosado claro hace que el agua se vea especialmente bella.
En lo lejano todo se compacta formando una difusión de colores que luego terminan siendo un mismo elemento del paisaje, entretenido al principio y monótono al final.
Escritor: Matias Ruas

1 comentarios:
Una muy poética descripción. Revisá el verbo de la primera oración, es permite ya que se refiere al viento.
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