Día 1

on sábado, 30 de agosto de 2014
Una luz aparece frente mí, algo muy inusual, a veces parpadea, va y viene; mejor sigo durmiendo. Una luz me empaña y decido levantarme a ver qué es lo que está sucediendo. Abro los ojos, parpadeo un poco, me estiro, bostezo, me rasco la oreja, me levanto y me sacudo. No sé donde estoy, ¿por qué estoy acá? ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué no estoy en casa? ¿Qué fue lo que pasó?
No debo precipitarme, sólo debo buscar a mis padres. Caminaré, no deben estar tan lejos, doblaré en esta calle, luego en la otra a la derecha y regreso, no se podrían olvidar de mí, su mejor amiga, su compañera, la mejor del mundo y la más linda.
Me equivoqué, no los encuentro, y lo peor es que ya no sé cómo regresar al lugar en donde me hallaba antes, estoy caminando hace dos horas, estoy asustada, no sé que más podré hacer.
Deambulé hasta que mis patas no resistieron más y el cansancio me llevo a un profundo sueño sobre un piso mojado y sucio, algo que sólo escuché en cuentos tristes. Me levanté por una pisada en mi oreja, un niño de unos 7 años paso corriendo. Me duele, el dolor punza y no para, decido levantarme para poder ir a descansar a otro lado, pero el hambre acecha y mi estómago comienza a sonar, primero con leves ruidos hasta que esos sonidos se convierten en dolor.
Resisto a la necesidad de comer y decido despejar mi mente pensando en mi familia y lo desesperados que deben estar buscándome, recordar todas esas tardes yendo a la plaza con mis otros hermanos, encontrándome con amigos y jugando mucho, tiempos aquellos en los que todos éramos chicos y podíamos jugar juntos.
Recuerdo el día que llegue a mi primer hogar, era una cachorra de 1 mes, fui el regalo de navidad de la hija menor de mis dueños. Me amaron y me consintieron desde el primer momento, desde que me sacaron de esa caja  envuelta con un moño rojo, los quiero y extraño mucho.

Escritora: Yazmín Vigo
Corrector: Matías Rúas



2 comentarios:

el jardín de senderos que se bifurcan dijo...

Buena historia, ya estaba por corregirte que no pusieras patas sino pies, pero entonces pensé que quizá no era una persona.

el jardín de senderos que se bifurcan dijo...

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